Coincidió que tanto el viernes como el sábado por la tarde había fiesta de celebración de final de curso en la universidad, y me invitaron a ir. Y claro, no es para decir que no :) Así que dos ocasiones inigualables para contarnos nuestras batallitas y para probar las exquisiteces alemanas.
En aquellas tres semanas nos pateamos la ciudad innumerables veces y visitamos infinidad de sitios y ciudades como Bruselas, París, Maastricht... pero me quedé con las ganas de entrar en el laberinto que hay "am Dreiländerpunkt", es decir, al lado de la frontera entre Bélgica, Holanda y Alemania. Así que el sábado por la mañana fuimos allí. Bettina y Matthias tampoco habían estado, y lo pasamos muy bien buscando la salida (y la entrada, ya que Matthias como buen ingeniero quiso hacer después el laberinto al revés) y descubriendo que se puede pasar a través de los chorros de agua que salen del suelo si... bueno, no desvelaré el misterio por si alguien quiere pasarse.
De todas formas, de todo el fin de semana me quedo con la inigualable compañía y con la mermelada de fresa de la madre de Bettina.
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