Esta tarde fui a correr. Necesitaba distraerme después del trabajo. Di una vuelta por el barrio. Cuando volvía a casa pensé que estaría bien acabar el camino andando, pues hacía buena tarde. Después vi el césped y se me ocurrió tumbarme en la hierba para reposar y contemplar el cielo.
Las nubes eran pequeñas y dispersas. Y se movían muy despacio. Al principio eran sólo nubes, pero pronto reconocí la cara de un hombre con sombrero. Entonces presté más atención. Y vi que también había un cerdito y un hipopótamo diciendo la letra 'o'. También vi un cadáver y una nube que estaba enfadada, aunque luego me pareció que en realidad estaba hinchando las mejillas y cogiendo mucho aire para soplar a la nube de al lado.
Y entonces me di cuenta de lo bonito que era el cielo y de lo poco que me paro a mirarlo. Y siempre esta ahí para ser observado, pero a veces uno siente que la vida pasa tan rápido que no tiene tiempo para detenerse un momento. Pero si uno para un instante se da cuenta de que tiene todo el tiempo del mundo por delante. Porque no sé cuánto tiempo me pasé mirando las nubes, pero me pareció una eternidad.
Me habría gustado que hubieses estado aquí para enseñarte las nubes y disfrutar juntos de un momento de eternidad. Aunque si sales al jardin y te tumbas en la hierba, o si simplemente miras al cielo por la ventana, quizás puedas sentir lo mismo que sentí yo.
viernes, 29 de junio de 2012
miércoles, 7 de julio de 2010
Chicos y chicas
El otro día me quedé profundamente sorprendido al oír la frase: "Hemos quedado para ir a la heladería". Al principio no sabía por qué, puesto que parece una frase de lo más normal. Pero me puse a pensar y poco a poco me fui dando cuenta de la gravedad del asunto.
Es cierto que yo muchas veces he quedado con los colegas en una heladería que hay cerca de mi casa. Los helados son un poco caros pero están buenos. A Jose le gusta el sitio y muchas veces nos dice: "Quedamos en la heladería".
"Quedamos en la heladería" es para mí una frase normal. Sin embargo, un chico nunca diría "Quedamos para ir a la heladería". Podrás decir "quedamos para ir al cine" si quieres ir a ver una peli, porque si dices "quedamos en el cine" puede no quedar claro si quedas allí simplemente como punto de encuentro o con la intención de ver una peli.
Sin embargo, el caso de la heladería es muy distinto. En primer lugar, si quisiéramos tomar la heladería como punto de encuentro sin intención de entrar a tomar un helado diríamos "Quedamos al lado de la heladería". Por otra parte, si lo que se quiere es quedar y tomar un helado se dirá simplemente "Quedamos en la heladería" como bien se ha apuntado antes. En ambras frases existe una información latente de máxima importancia. Esa información es la palabra "quedamos", es decir, vas a quedar. Luego podrás tomar un helado o podrás acordar con tus colegas que mejor unas tapas porque se ha hecho tarde y quieres cenar. Pero si has dicho que quedas con los colegas, quedas con los colegas. Vamos, tú vas a estar allí sí o sí, salvo causa de fuerza mayor.
Sin embargo, en el caso de las chicas el planteamiento es radicalmente distinto. Si bien para los chicos decíamos "Quedamos en la heladería" = "Quedamos" + complemento circunstancial de lugar = "heladería" (simplemente porque es necesario indicar el sitio en el que se queda), en el caso de las chicas tenemos "Quedamos para ir a la heladería". En esta frase aparece el hecho de tomar un helado como fin absoluto de la quedada. Es lo que le da razón de ser y sustenta el hecho de quedar. El objetivo, la finalidad no es quedar sino tomar un helado. ¿Y que pasa entonces si se te quitan las ganas de tomar un helado porque haga un frío del carajo o bien simplemente porque no se te antoja en ese momento?
Pues no se va. Porque el hecho de quedar ha perdido todo su fundamento. Y, de hecho, ayer me enteré que las chicas se habían ido rajando y al final ninguna fue a tomar el helado.
Así que, chicas, aprended de nosotros. Para nosotros lo importante es quedar con los colegas. Todo lo demás es circunstancial y puede cambiar sobre la marcha. Sin embargo, un colega es un colega y no se le puede hacer ese feo, especialmente si le apetece tomarse un helado contigo.
Es cierto que yo muchas veces he quedado con los colegas en una heladería que hay cerca de mi casa. Los helados son un poco caros pero están buenos. A Jose le gusta el sitio y muchas veces nos dice: "Quedamos en la heladería".
"Quedamos en la heladería" es para mí una frase normal. Sin embargo, un chico nunca diría "Quedamos para ir a la heladería". Podrás decir "quedamos para ir al cine" si quieres ir a ver una peli, porque si dices "quedamos en el cine" puede no quedar claro si quedas allí simplemente como punto de encuentro o con la intención de ver una peli.
Sin embargo, el caso de la heladería es muy distinto. En primer lugar, si quisiéramos tomar la heladería como punto de encuentro sin intención de entrar a tomar un helado diríamos "Quedamos al lado de la heladería". Por otra parte, si lo que se quiere es quedar y tomar un helado se dirá simplemente "Quedamos en la heladería" como bien se ha apuntado antes. En ambras frases existe una información latente de máxima importancia. Esa información es la palabra "quedamos", es decir, vas a quedar. Luego podrás tomar un helado o podrás acordar con tus colegas que mejor unas tapas porque se ha hecho tarde y quieres cenar. Pero si has dicho que quedas con los colegas, quedas con los colegas. Vamos, tú vas a estar allí sí o sí, salvo causa de fuerza mayor.
Sin embargo, en el caso de las chicas el planteamiento es radicalmente distinto. Si bien para los chicos decíamos "Quedamos en la heladería" = "Quedamos" + complemento circunstancial de lugar = "heladería" (simplemente porque es necesario indicar el sitio en el que se queda), en el caso de las chicas tenemos "Quedamos para ir a la heladería". En esta frase aparece el hecho de tomar un helado como fin absoluto de la quedada. Es lo que le da razón de ser y sustenta el hecho de quedar. El objetivo, la finalidad no es quedar sino tomar un helado. ¿Y que pasa entonces si se te quitan las ganas de tomar un helado porque haga un frío del carajo o bien simplemente porque no se te antoja en ese momento?
Pues no se va. Porque el hecho de quedar ha perdido todo su fundamento. Y, de hecho, ayer me enteré que las chicas se habían ido rajando y al final ninguna fue a tomar el helado.
Así que, chicas, aprended de nosotros. Para nosotros lo importante es quedar con los colegas. Todo lo demás es circunstancial y puede cambiar sobre la marcha. Sin embargo, un colega es un colega y no se le puede hacer ese feo, especialmente si le apetece tomarse un helado contigo.
sábado, 3 de julio de 2010
Recuerdos de la infancia
Estaba yo hace un poco preparando los espaguetis y me he acordado de aquellas manos elásticas con las que jugábamos de pequeños, que las lanzabas y se pegaban a las paredes. Jo, ya se me había olvidado lo bien que nos lo pasábamos con un juguete tan sencillo.
Recuerdo también la peonza, las chapas, el tirachinas, las carreras de coches por la arena (de hecho hace no mucho estuve ordenando mi habitación y me hizo mucha ilusión volver a ver mi colección de coches), los gijoe, los columpios, los juegos como el rescate y el escondite, los partidos de fútbol y baloncesto, los juegos en la piscina, las partidas de rol, y los juegos de mesa míticos como el Hero Quest, la Cruzada Estelar o el Imperio Cobra.

Todo ha cambiado mucho desde entonces. Me da la sensación de que ahora los niños tienen suficiente con jugar al ordenador y ver la televisión. ¿Dónde quedaron aquellos juegos que permitían desarrollar la creatividad y/o las habilidades social? Parece que los niños se ha convertido en sujetos pasivos que simplemente aceptan lo que les viene dado.
El otro día leí un artículo que decía que la gente se considera más feliz cuanto menos utiliza la tecnología. Y creo que tiene gran parte de razón.
¡¡Así que dejad de leer este blog, apagad el ordenador y poneos a hacer algo que os haga verdaderamente felices!!
Por cierto, los espaguetis me han quedado riquísimos.
Recuerdo también la peonza, las chapas, el tirachinas, las carreras de coches por la arena (de hecho hace no mucho estuve ordenando mi habitación y me hizo mucha ilusión volver a ver mi colección de coches), los gijoe, los columpios, los juegos como el rescate y el escondite, los partidos de fútbol y baloncesto, los juegos en la piscina, las partidas de rol, y los juegos de mesa míticos como el Hero Quest, la Cruzada Estelar o el Imperio Cobra.

Todo ha cambiado mucho desde entonces. Me da la sensación de que ahora los niños tienen suficiente con jugar al ordenador y ver la televisión. ¿Dónde quedaron aquellos juegos que permitían desarrollar la creatividad y/o las habilidades social? Parece que los niños se ha convertido en sujetos pasivos que simplemente aceptan lo que les viene dado.
El otro día leí un artículo que decía que la gente se considera más feliz cuanto menos utiliza la tecnología. Y creo que tiene gran parte de razón.
¡¡Así que dejad de leer este blog, apagad el ordenador y poneos a hacer algo que os haga verdaderamente felices!!
Por cierto, los espaguetis me han quedado riquísimos.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Villancicos
Hoy hemos estado cantando villancicos en la Plaza Mayor. Y la verdad es que la experiencia me ha resultado muy gratificante.
Cantar es algo bello de por sí, pero lo es todavía más cuando se juntan varias personas que conectan, porque se ve que las distintas voces se unen y forman un todo aún mayor, que un solo cantante no puede alcanzar. Francamente, es una de las mejores experiencias de la vida.
Pero también he aprendido mucho observando a la gente que pasaba por allí, y que no se esperaban encontrar un coro cantando villancicos. Unos simplemente pasaban, abstraídos en sus pensamientos, los cuales les impedían ver lo que tenían delante de sus narices. De hecho es algo normal. Yo me suelo fijar en la gente cuando voy andando por la calle, y es difícil que me cruce con alguien que conozco y no le vea (quizás es por eso por lo que casi siempre me encuentro con algún amigo). Y cuando veo a estos que pasan sin más, me da la sensación de que están perdiendo parte de su vida, su presente, porque yo creo que en cada momento hay algo que poder apreciar.
Otros pasaban como con vergüenza por delante del coro, apartando la vista, como con miedo a enfrentarse a una situación desconocida. Y en vez de afrontarla, decidían huir de ella. Sin embargo, yo pienso que para evolucionar en la vida hay que saber enfrentarse a los problemas que se nos plantean. Esto es lo que nos hacer aprender y crecer como personas.
Pero también había quien se quedaba. Algunos tímidamente, como con cierto miedo a reconocer que les gustaba lo que cantábamos. Porque claro, pararse a escuchar significa ir en contra del resto de la gente, lo cual no es sencillo y plantea la duda de si lo que se está haciendo es correcto ¿qué dirán los demás? ¿está bien lo que hago si todos siguen otro camino?
Luego, cuando ya hay suficiente gente escuchando, otros se apuntan por inercia. Si ya hay otras personas allí paradas, el hecho de añadirse a la masa no crea ningún conflicto moral.
Y de todos ellos, se notaba quién disfrutaba con alguna de nuestras canciones e incluso quedándose hasta el final. Porque se daban cuenta de que estaban viviendo un momento difícil de repetir, porque la vida, quizás por azar, les había brindado una oportunidad única y ellos eran conscientes de que la habían sabido aprovechar y habían podido disfrutar de ella.
Así que, sea cual sea vuestro camino en la vida, estad atentos a vuestro alrededor, porque la vida muchas veces ofrece nuevas oportunidades que podemos aceptar o rechazar voluntariamente, pero que en ningún caso deben quedar descartadas simplemente por andar ciegos en una dirección y no percatarnos de ellas, ni por miedo a tomar una ruta alternativa en nuestro camino.
Cantar es algo bello de por sí, pero lo es todavía más cuando se juntan varias personas que conectan, porque se ve que las distintas voces se unen y forman un todo aún mayor, que un solo cantante no puede alcanzar. Francamente, es una de las mejores experiencias de la vida.
Pero también he aprendido mucho observando a la gente que pasaba por allí, y que no se esperaban encontrar un coro cantando villancicos. Unos simplemente pasaban, abstraídos en sus pensamientos, los cuales les impedían ver lo que tenían delante de sus narices. De hecho es algo normal. Yo me suelo fijar en la gente cuando voy andando por la calle, y es difícil que me cruce con alguien que conozco y no le vea (quizás es por eso por lo que casi siempre me encuentro con algún amigo). Y cuando veo a estos que pasan sin más, me da la sensación de que están perdiendo parte de su vida, su presente, porque yo creo que en cada momento hay algo que poder apreciar.
Otros pasaban como con vergüenza por delante del coro, apartando la vista, como con miedo a enfrentarse a una situación desconocida. Y en vez de afrontarla, decidían huir de ella. Sin embargo, yo pienso que para evolucionar en la vida hay que saber enfrentarse a los problemas que se nos plantean. Esto es lo que nos hacer aprender y crecer como personas.
Pero también había quien se quedaba. Algunos tímidamente, como con cierto miedo a reconocer que les gustaba lo que cantábamos. Porque claro, pararse a escuchar significa ir en contra del resto de la gente, lo cual no es sencillo y plantea la duda de si lo que se está haciendo es correcto ¿qué dirán los demás? ¿está bien lo que hago si todos siguen otro camino?
Luego, cuando ya hay suficiente gente escuchando, otros se apuntan por inercia. Si ya hay otras personas allí paradas, el hecho de añadirse a la masa no crea ningún conflicto moral.
Y de todos ellos, se notaba quién disfrutaba con alguna de nuestras canciones e incluso quedándose hasta el final. Porque se daban cuenta de que estaban viviendo un momento difícil de repetir, porque la vida, quizás por azar, les había brindado una oportunidad única y ellos eran conscientes de que la habían sabido aprovechar y habían podido disfrutar de ella.
Así que, sea cual sea vuestro camino en la vida, estad atentos a vuestro alrededor, porque la vida muchas veces ofrece nuevas oportunidades que podemos aceptar o rechazar voluntariamente, pero que en ningún caso deben quedar descartadas simplemente por andar ciegos en una dirección y no percatarnos de ellas, ni por miedo a tomar una ruta alternativa en nuestro camino.
jueves, 15 de octubre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
Las reglas del juego
El otro día hablaba con una amiga y le decía que había cambiado mi forma de ver el mundo, a lo que ella me preguntó:
- ¿Y cómo lo ves ahora?
- Como un juego - dije yo.
Claro, esto descuadró un poco a mi amiga aunque, en realidad, la explicación no es tan compleja.
De pequeño uno piensa que el mundo es ideal, y que toda la gente es buena y vive feliz. Sin embargo, con el tiempo vas percibiendo ciertos signos de que las cosas no son tan bonitas como pensabas, que también hay gente mala como en las películas y que no es tan fácil ser feliz.
Más adelante te das cuenta de que el modelo no es tan sencillo. Entre bueno y malo hay muchos grados, y cada persona entiende la felicidad de forma distinta.
Entonces te empizas a preguntar por qué el mundo es así. Sería más fácil y mejor para todos hacer las cosas bien, preocuparse por los demás y crear entre todos un mundo donde todos podamos ser felices. Por ello, no llegas a comprender por qué las personas actúan de cierta forma.
Con el tiempo aceptas que cada persona es única y hace las cosasa su manera, y que no tiene sentido preguntarse por qué. Es así y ya está.
Pero entonces deseas que la gente cambie a mejor, que se dé cuenta de que el camino que sigue no es el correcto. Quieres que el mundo pase a ser el lugar ideal que percibías cuando eras pequeño. Y te esfuerzas con ilusión por que la gente cambie, por que vea las cosas de otra manera. Y buscas a pesonas que vean el mundo como lo ves tú.
Sin embargo, con el tiempo te das cuenta de que los esfuerzos muchas veces son en balde, de que todo es una utopía. Y entonces te pregutas: ¿qué hago yo en este mundo? Este mundo no es adecuado para mí. Y te haces miles de preguntas cuya respuesta no es la que esperabas.
Y cuando más te cuesta encontrar el sentido de la vida te das cuenta de un detalle. Que no habías leído las instrucciones. Que se te había pasado por alto consultar las reglas del juego. Es posible que un delantero de fútbol quiera dar al balón con la mano. Pero por mucho que quiera no le está permitido. Y podrá pensar que esa regla es injusta y que no debería ser así. Sin embargo, aunque se empeñe, deberá aceptarla si quiere jugar al fútbol.
Pues la vida es igual. No somos nosotros los que ponemos las reglas del juego. Y podemos estar lamentándonos eternamente de que las reglas no sean como nosotros creemos que deberían ser. Sin embargo, sólo cuando aceptemos estas reglas, por muy injustas que nos parezcan, es cuando podremos disfrutar de este juego que es la vida.
- ¿Y cómo lo ves ahora?
- Como un juego - dije yo.
Claro, esto descuadró un poco a mi amiga aunque, en realidad, la explicación no es tan compleja.
De pequeño uno piensa que el mundo es ideal, y que toda la gente es buena y vive feliz. Sin embargo, con el tiempo vas percibiendo ciertos signos de que las cosas no son tan bonitas como pensabas, que también hay gente mala como en las películas y que no es tan fácil ser feliz.
Más adelante te das cuenta de que el modelo no es tan sencillo. Entre bueno y malo hay muchos grados, y cada persona entiende la felicidad de forma distinta.
Entonces te empizas a preguntar por qué el mundo es así. Sería más fácil y mejor para todos hacer las cosas bien, preocuparse por los demás y crear entre todos un mundo donde todos podamos ser felices. Por ello, no llegas a comprender por qué las personas actúan de cierta forma.
Con el tiempo aceptas que cada persona es única y hace las cosasa su manera, y que no tiene sentido preguntarse por qué. Es así y ya está.
Pero entonces deseas que la gente cambie a mejor, que se dé cuenta de que el camino que sigue no es el correcto. Quieres que el mundo pase a ser el lugar ideal que percibías cuando eras pequeño. Y te esfuerzas con ilusión por que la gente cambie, por que vea las cosas de otra manera. Y buscas a pesonas que vean el mundo como lo ves tú.
Sin embargo, con el tiempo te das cuenta de que los esfuerzos muchas veces son en balde, de que todo es una utopía. Y entonces te pregutas: ¿qué hago yo en este mundo? Este mundo no es adecuado para mí. Y te haces miles de preguntas cuya respuesta no es la que esperabas.
Y cuando más te cuesta encontrar el sentido de la vida te das cuenta de un detalle. Que no habías leído las instrucciones. Que se te había pasado por alto consultar las reglas del juego. Es posible que un delantero de fútbol quiera dar al balón con la mano. Pero por mucho que quiera no le está permitido. Y podrá pensar que esa regla es injusta y que no debería ser así. Sin embargo, aunque se empeñe, deberá aceptarla si quiere jugar al fútbol.
Pues la vida es igual. No somos nosotros los que ponemos las reglas del juego. Y podemos estar lamentándonos eternamente de que las reglas no sean como nosotros creemos que deberían ser. Sin embargo, sólo cuando aceptemos estas reglas, por muy injustas que nos parezcan, es cuando podremos disfrutar de este juego que es la vida.
viernes, 14 de agosto de 2009
Meditación Coral nº2
Ayer soñé en un mundo donde el cielo era azul,
donde el sol calentaba la tierra y el mar
radiando con su luz,
la luz de la verdad.
Allí las gentes respetaban a los demás,
buscando hacer su mundo un lugar de amistad,
sin odio ni maldad,
donde vivir en paz.
Los sueños eran dulces,
los osos de peluche,
las armas de cartón,
las nubes de algodón,
y las palabras sonaban a libertad,
en pos de la verdad.
Allí fue donde yo escuché esta misma canción,
y la aprendí por que tú pudieras oír,
lo que se canta allí,
muy desde el corazón.
Las aguas bajaban por los ríos,
llenando los campos de esplendor,
con mil flores de intenso brillo,
cada uno de otro color.
Allí no existía la mentira,
las gentes cantaban con pasión,
se vivía con alegría,
se amaba sin condición.
Por qué en este mundo donde vivimos hoy,
no trabajamos para tratar de crear,
un mundo de amistad,
paz y felicidad.
© 2009
donde el sol calentaba la tierra y el mar
radiando con su luz,
la luz de la verdad.
Allí las gentes respetaban a los demás,
buscando hacer su mundo un lugar de amistad,
sin odio ni maldad,
donde vivir en paz.
Los sueños eran dulces,
los osos de peluche,
las armas de cartón,
las nubes de algodón,
y las palabras sonaban a libertad,
en pos de la verdad.
Allí fue donde yo escuché esta misma canción,
y la aprendí por que tú pudieras oír,
lo que se canta allí,
muy desde el corazón.
Las aguas bajaban por los ríos,
llenando los campos de esplendor,
con mil flores de intenso brillo,
cada uno de otro color.
Allí no existía la mentira,
las gentes cantaban con pasión,
se vivía con alegría,
se amaba sin condición.
Por qué en este mundo donde vivimos hoy,
no trabajamos para tratar de crear,
un mundo de amistad,
paz y felicidad.
© 2009
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