He seleccionado un fragmento de la "Investigación del conocimiento humano" de David Hume que me ha parecido interesante. Espero que os guste:
"La mayoría de la humanidad tiende a ser afirmativa y dogmática en sus opiniones y, mientras ven objetos desde un solo punto de vista y no tienen idea de los argumentos que lo contrarrestan, se adhieren precipitadamente a los principios a los que están inclinados y no tienen compasión alguna con los que tienen sentimientos opuestos. Dudar o sospechar algo aturde su entendimiento, frena su pasión y suspende su acción. Por lo tanto, están inquiertos hasta que escapan de un estado que les resulta tan incómodo y piensan que nunca se podrán alejar suficientemente de él con la violencia de sus afirmaciónes y la obstinación de su creencia. Pero si pensadores tan dogmáticos pudieran volverse consicentes de las extrañas debilidades del entendimiento humano, incluso en su estado más perfecto, cuando es más preciso y cauto en sus determinaciones, tal reflexión, por supuesto, les inspiraría mayor modestia y reserva, y disminuiría su buena opiniónde sí mismos y su prejuicio contra sus antagonistas."
domingo 24 de mayo de 2009
martes 31 de marzo de 2009
La fiesta
Ya hacía tiempo que no celebraba mi cumpleaños, así que este año me decidí finalmente a organizar una fiestecilla.
Dije que se trataría de una serie de juegos y también que cada uno se preparase un chiste. Así que muchos de los que aceptaron el reto llegaron cuanto menos desconfiados, como tratando de adivinar qué maldades se me podían haber ocurrido.
Yo quería romper con las típicas celebraciones de cumpleaños donde todo el mundo forma grupitos según de qué conoces a cada uno. Por una parte los de la universidad, por otra los del colegio,... Así que formé varios equipos donde no podían estar juntos ni los novios ni los muy amigos.
Primero les di a robar una carta a cada uno, y me llamó la atención que no me la querían enseñar, incluso cuando les decía que no era para hacer ningún truco.
Poco después de empezar con las pruebas la desconfianza inicial había desaparecido y vi con agrado cómo se volcaban todos a resolver los distintos enigmas que les planteaba. Hasta el punto de que en algunos momentos estaban tan metidos en el juego que no me hacían ni caso. De hecho, durante una de las pruebas fui al baño y volví sin que muchos se enteraran.
Me quedarán agradables recuerdos de esta fiesta. Uno conseguir reunir a muchos de mis amigos (al final vinieron más de 40 personas), a algunos de los cuales hacía bastante tiempo que no veía. También el regalazo de los del coro. Y, por otra parte, anécdotas puntuales, como Jorge con las gafas improvisadas que se inventaron, los chistes de Chema, Nacho, Carlos, los dos David,..., o como cuando Paco me comentó sobre la prueba de la torre:
- Yo lo vi claro cuando ese chico del cole dijo: "Yo sé cómo se hace esto, que lo he hecho en tecnología. Poneos a hacer canutillos con el papel". Pero luego no lo vi tan claro cuando el mismo chico dijo: "Ah, que no se puede usar pegamento".

Pero sobre todo me quedará en el recuerdo la sensación de amistad que se respiró aquel día. Todos allí eran amigos, sin que muchos se conocieran entre ellos, y colaboraban con gran ilusión por conseguir la cadena más larga o la torre más alta. Y todos me dieron las gracias por la fiesta, pero unas gracias de corazón, diciéndome con la mirada: "gracias, porque durante este rato he sido feliz". Y eso me hizo también feliz a mí.
Allí los amigos fuimos más amigos que nunca, porque salimos de la simple rutina de quedar los fines de semana y contarnos nuestros problemas. Hubo más abrazos, más miradas de complicidad y más signos de cariño.
Creo que aquel día conseguí sacar lo mejor de ellos, y ellos lo mejor de mí.
Dije que se trataría de una serie de juegos y también que cada uno se preparase un chiste. Así que muchos de los que aceptaron el reto llegaron cuanto menos desconfiados, como tratando de adivinar qué maldades se me podían haber ocurrido.
Yo quería romper con las típicas celebraciones de cumpleaños donde todo el mundo forma grupitos según de qué conoces a cada uno. Por una parte los de la universidad, por otra los del colegio,... Así que formé varios equipos donde no podían estar juntos ni los novios ni los muy amigos.
Primero les di a robar una carta a cada uno, y me llamó la atención que no me la querían enseñar, incluso cuando les decía que no era para hacer ningún truco.
Poco después de empezar con las pruebas la desconfianza inicial había desaparecido y vi con agrado cómo se volcaban todos a resolver los distintos enigmas que les planteaba. Hasta el punto de que en algunos momentos estaban tan metidos en el juego que no me hacían ni caso. De hecho, durante una de las pruebas fui al baño y volví sin que muchos se enteraran.
Me quedarán agradables recuerdos de esta fiesta. Uno conseguir reunir a muchos de mis amigos (al final vinieron más de 40 personas), a algunos de los cuales hacía bastante tiempo que no veía. También el regalazo de los del coro. Y, por otra parte, anécdotas puntuales, como Jorge con las gafas improvisadas que se inventaron, los chistes de Chema, Nacho, Carlos, los dos David,..., o como cuando Paco me comentó sobre la prueba de la torre:
- Yo lo vi claro cuando ese chico del cole dijo: "Yo sé cómo se hace esto, que lo he hecho en tecnología. Poneos a hacer canutillos con el papel". Pero luego no lo vi tan claro cuando el mismo chico dijo: "Ah, que no se puede usar pegamento".
Pero sobre todo me quedará en el recuerdo la sensación de amistad que se respiró aquel día. Todos allí eran amigos, sin que muchos se conocieran entre ellos, y colaboraban con gran ilusión por conseguir la cadena más larga o la torre más alta. Y todos me dieron las gracias por la fiesta, pero unas gracias de corazón, diciéndome con la mirada: "gracias, porque durante este rato he sido feliz". Y eso me hizo también feliz a mí.
Allí los amigos fuimos más amigos que nunca, porque salimos de la simple rutina de quedar los fines de semana y contarnos nuestros problemas. Hubo más abrazos, más miradas de complicidad y más signos de cariño.
Creo que aquel día conseguí sacar lo mejor de ellos, y ellos lo mejor de mí.
sábado 21 de marzo de 2009
Se abrió la veda
Bueno, ya se ha abierto la temporada de excursiones de este año!!
El otro día me compré unas botas nuevas con la idea de aprovecharlas para estos eventos, aunque, con eso de que primero se deben ajustar al pie hoy no me las he puesto. Craso error, por otra parte, porque había un montón de nieve en Peñalara. Aunque bueno, pensándolo bien, quizás no haya sido un error, recordando las heridas que me hicieron unas botas que me compré en Minneapolis...
El caso es que hoy nos ha hecho un tiempo espléndido, y esta vez sí me he dado crema, no como el año pasado en Gredos, que me duró la gracia dos meses... si es que parezco principiante.
Además, ha estado muy divertido, sobre todo en el descenso, ya que se podía bajar casi como si fueras esquiando. Pero claro, esto también tiene sus consecuencias, es decir, los pies calados por no llevar calzado adecuado.

Así que espero que esta sea la primera de una serie de excursiones en buena compañía. Quien se anime para la próxima sólo tiene que decirlo.
El otro día me compré unas botas nuevas con la idea de aprovecharlas para estos eventos, aunque, con eso de que primero se deben ajustar al pie hoy no me las he puesto. Craso error, por otra parte, porque había un montón de nieve en Peñalara. Aunque bueno, pensándolo bien, quizás no haya sido un error, recordando las heridas que me hicieron unas botas que me compré en Minneapolis...
El caso es que hoy nos ha hecho un tiempo espléndido, y esta vez sí me he dado crema, no como el año pasado en Gredos, que me duró la gracia dos meses... si es que parezco principiante.
Además, ha estado muy divertido, sobre todo en el descenso, ya que se podía bajar casi como si fueras esquiando. Pero claro, esto también tiene sus consecuencias, es decir, los pies calados por no llevar calzado adecuado.

Así que espero que esta sea la primera de una serie de excursiones en buena compañía. Quien se anime para la próxima sólo tiene que decirlo.
domingo 21 de diciembre de 2008
El efecto mariposa
Ahora no recuerdo ningún ejemplo concreto, pero ya me ha pasado varias veces que se me ha ocurrido alguna idea "interesante" y que algún tiempo después de contarla otra persona me viene con esa misma idea. Si que recuerdo a mi madre decirme: "Sabes eso que me decías de cómo solucionar el problema. Pues hoy en el trabajo me han dicho lo mismo".
Evidentemente son cosas que se le puede ocurrir a todo el mundo, pero resulta cuanto menos sospechoso volver a escuchar algo que has comentado hace poco tiempo. Y es que claro, teniendo en cuenta que al final Madrid no deja de ser un pueblo grande donde la información puede pasar de unos a otros rápidamente, tampoco me extraña que, existiendo un tema de actualidad sobre el que hablar, cualquier comentario interesante se extienda rápidamente entre la población. Y quizás así llegue a alguien que pueda tomar medidas al respecto.
Así que me gusta hablar de lo que está bien y también de aquello que se puede mejorar. En España, por ejemplo, tenemos la mala costumbre de justificar con los demás lo que hacemos mal: "Como todo el mundo pasa, yo tengo el derecho a hacerlo mal también". Es algo que me saca de quicio y que, por ejemplo, en Alemania no ocurre. Suelo poner el ejemplo del reciclaje. Allí todo el mundo separa porque es mejor, y nadie se plantea si los demás lo hacen o si lo que se recoge al final se acaba realmente reciclando. Es simplemente una cuestión moral de cada persona y cada uno pone su granito de arena. Por el contrario, aquí "como nadie recicla, no sirve para nada reciclar". Y al final no se hace. Yo me pregunto a veces lo mucho que mejoraría el país si todos "en equipo" colaboráramos en cosas tan sencillas y que suponen tan poco esfuerzo individual. Trataré este tema más adelante. Pero para el post actual me quedo con que ayer mis amigos me dijeron: "Fíjate, en las papeleras han puesto dos compartimentos para separar los envases".
¿A quién se le ocurrió primero la idea? No lo sé, pero el caso es que llegó a quien tenía que llegar.
Y, aunque nunca lo sabré a ciencia cierta, me gustaría que mis modestas opiniones sirvieran para hacer un poco mejor el mundo en el que vivimos.
Evidentemente son cosas que se le puede ocurrir a todo el mundo, pero resulta cuanto menos sospechoso volver a escuchar algo que has comentado hace poco tiempo. Y es que claro, teniendo en cuenta que al final Madrid no deja de ser un pueblo grande donde la información puede pasar de unos a otros rápidamente, tampoco me extraña que, existiendo un tema de actualidad sobre el que hablar, cualquier comentario interesante se extienda rápidamente entre la población. Y quizás así llegue a alguien que pueda tomar medidas al respecto.
Así que me gusta hablar de lo que está bien y también de aquello que se puede mejorar. En España, por ejemplo, tenemos la mala costumbre de justificar con los demás lo que hacemos mal: "Como todo el mundo pasa, yo tengo el derecho a hacerlo mal también". Es algo que me saca de quicio y que, por ejemplo, en Alemania no ocurre. Suelo poner el ejemplo del reciclaje. Allí todo el mundo separa porque es mejor, y nadie se plantea si los demás lo hacen o si lo que se recoge al final se acaba realmente reciclando. Es simplemente una cuestión moral de cada persona y cada uno pone su granito de arena. Por el contrario, aquí "como nadie recicla, no sirve para nada reciclar". Y al final no se hace. Yo me pregunto a veces lo mucho que mejoraría el país si todos "en equipo" colaboráramos en cosas tan sencillas y que suponen tan poco esfuerzo individual. Trataré este tema más adelante. Pero para el post actual me quedo con que ayer mis amigos me dijeron: "Fíjate, en las papeleras han puesto dos compartimentos para separar los envases".
¿A quién se le ocurrió primero la idea? No lo sé, pero el caso es que llegó a quien tenía que llegar.
Y, aunque nunca lo sabré a ciencia cierta, me gustaría que mis modestas opiniones sirvieran para hacer un poco mejor el mundo en el que vivimos.
domingo 14 de diciembre de 2008
El curro
Hay bastante paro en España. De eso no cabe duda. Y tengo unos cuantos amigos que están buscando trabajo. Pero el tema es que tengo otros muchos amigos que se pasan horas y horas en la empresa, que entran a las 8:00 y salen a las 22:00 si hay suerte. Así que la situación resulta cuanto menos ridícula.
Llamas a unos el fin de semana y te dicen que no pueden quedar. Es normal. El finde que por casualidad no tienen que trabajar están agotados, así que no los ves nunca. Y cuando acaban quedando contigo no son capaces de mantener una conversación normal. Así que me pregunto: ¿Cuánto rendirán durante las 14 horas que se pasan en la empresa? ¿Y no sería mejor que dedicasen dos de esas horas a dormir para así llegar a un total de 8 todos los días? ¿Y no se preguntan estas cosas las empresas?
Bien es cierto que hay momentos en los que existe un pico de trabajo y hay que esforzarse al máximo para terminar algo urgente. Es algo normal. Se trabaja algunos días más y se sale adelante. Lo que pasa es que algunas empresas tienen la mala constumbre de encadenar picos y más picos de trabajo. Y si hay tanto trabajo, ¿no será que falta gente? Pero claro, lo de alargar los horarios indefinidamente es algo que se les consiente a las empresas, las cuales no tienen ningún reparo en que sus trabajadores echen más horas de la cuenta.
Yo entiendo que las empresas quieran conseguir el máximo dinero. Aunque personalmente creo que lo que deberían tratar de hacer es ganar un dinero razonable y cuidar más a sus empleados, a sus clientes, al medio ambiente,..., pero este es otro tema del que puede que hable otro día. El caso es que puestos en la mente de la empresa, que quiere obtener el mayor beneficio posible, no tengo nada claro que maximizar el tiempo de trabajo de los empleados maximice las ganancias. Por una parte, con una jornada laboral tan larga es imposible que una persona mantenga un rendimiento del 100% en una actividad que requiera un esfuerzo mental, que es la situación de la mayor parte de mis amigos. Además, el cerebro tiene que descansar, lo quieran las empresas o no, y al encadenar ese ritmo de trabajo durante varias semanas el rendimiento irá cada vez a menos. Tampoco hay que olvidar que tanto trabajo genera estrés, malas relaciones entre los compañeros y falta de motivación, sin contar que mucha gente se siente explotada por ello. ¿Se puede pensar entonces que incrementar el horario de los empleados va en favor del crecimiento de la empresa? Yo creo que no.
Por otra parte, no se qué medidas concretas se están tomando para solucionar la situación actual de paro. Evidentemente no es un tema fácil por la crisis mundial y por haber consentido que llegase a existir un gran número de contratos temporales y contratos basura. Sin embargo, en ningún momento he oído que se plantee la posibilidad de hacer que las empresas cumplan con su contrato con el trabajador y no le hagan trabajar más de lo que debe.
Alguno pensará que esta medida no lleva a ninguna parte, porque eso haría quebrar a muchas empresas. Bueno, en primer lugar es lo justo, ya que es por lo que se ha firmado, les guste a las empresas o no. Y, por otra parte, ni mucho menos estoy diciendo que los empleados no trabajen. De hecho, la idea es "reducir" las horas para que en el tiempo de trabajo la gente rinda al máximo, estando más descansada, contenta y motivada y, probablemente, esto mejoraría los beneficios de la empresa.
Y así, también podría quedar con mis amigos el fin de semana.
Llamas a unos el fin de semana y te dicen que no pueden quedar. Es normal. El finde que por casualidad no tienen que trabajar están agotados, así que no los ves nunca. Y cuando acaban quedando contigo no son capaces de mantener una conversación normal. Así que me pregunto: ¿Cuánto rendirán durante las 14 horas que se pasan en la empresa? ¿Y no sería mejor que dedicasen dos de esas horas a dormir para así llegar a un total de 8 todos los días? ¿Y no se preguntan estas cosas las empresas?
Bien es cierto que hay momentos en los que existe un pico de trabajo y hay que esforzarse al máximo para terminar algo urgente. Es algo normal. Se trabaja algunos días más y se sale adelante. Lo que pasa es que algunas empresas tienen la mala constumbre de encadenar picos y más picos de trabajo. Y si hay tanto trabajo, ¿no será que falta gente? Pero claro, lo de alargar los horarios indefinidamente es algo que se les consiente a las empresas, las cuales no tienen ningún reparo en que sus trabajadores echen más horas de la cuenta.
Yo entiendo que las empresas quieran conseguir el máximo dinero. Aunque personalmente creo que lo que deberían tratar de hacer es ganar un dinero razonable y cuidar más a sus empleados, a sus clientes, al medio ambiente,..., pero este es otro tema del que puede que hable otro día. El caso es que puestos en la mente de la empresa, que quiere obtener el mayor beneficio posible, no tengo nada claro que maximizar el tiempo de trabajo de los empleados maximice las ganancias. Por una parte, con una jornada laboral tan larga es imposible que una persona mantenga un rendimiento del 100% en una actividad que requiera un esfuerzo mental, que es la situación de la mayor parte de mis amigos. Además, el cerebro tiene que descansar, lo quieran las empresas o no, y al encadenar ese ritmo de trabajo durante varias semanas el rendimiento irá cada vez a menos. Tampoco hay que olvidar que tanto trabajo genera estrés, malas relaciones entre los compañeros y falta de motivación, sin contar que mucha gente se siente explotada por ello. ¿Se puede pensar entonces que incrementar el horario de los empleados va en favor del crecimiento de la empresa? Yo creo que no.
Por otra parte, no se qué medidas concretas se están tomando para solucionar la situación actual de paro. Evidentemente no es un tema fácil por la crisis mundial y por haber consentido que llegase a existir un gran número de contratos temporales y contratos basura. Sin embargo, en ningún momento he oído que se plantee la posibilidad de hacer que las empresas cumplan con su contrato con el trabajador y no le hagan trabajar más de lo que debe.
Alguno pensará que esta medida no lleva a ninguna parte, porque eso haría quebrar a muchas empresas. Bueno, en primer lugar es lo justo, ya que es por lo que se ha firmado, les guste a las empresas o no. Y, por otra parte, ni mucho menos estoy diciendo que los empleados no trabajen. De hecho, la idea es "reducir" las horas para que en el tiempo de trabajo la gente rinda al máximo, estando más descansada, contenta y motivada y, probablemente, esto mejoraría los beneficios de la empresa.
Y así, también podría quedar con mis amigos el fin de semana.
lunes 24 de noviembre de 2008
Así es la vida
Hoy estaba esperando el autobús para volver a casa después de la clase de la Escuela Oficial de Idiomas y ha llegado un autobús de otra línea antes que el mío, así que me he quedado con solo con otro chico en la parada. No me había fijado en él, y dos o tres minutos después de estar allí los dos se me ha acercado para pedirme un euro para el autobús.
Me ha parecido extraño porque los que piden no actúan así, sino que van directamente pidiendo utilizando para ello algún tipo de amenaza o chantaje emocional. Yo soy reacio a dar dinero porque así se favorece que sigan haciéndolo en lugar de ir a un sitio donde les puedan orientar. Es mejor dar donativos a este tipo de sitios y así asegurarse de que se va a usar para bien y no se lo van a gastar en drogas o alcohol. Por cierto, ahora les falta ropa en las parroquias y ONGs para ayudar a esta gente, así que si tenéis algo que no os pongáis, ya sabéis.
Pero a este chaval no le he visto malas intenciones y le he preguntado que dónde iba. Me ha señalado una parada en la línea del autobús y le he dicho que tenía que coger el autobús al otro lado de la calle, a lo cual se ha vuelto a girar y me ha señalado otra parada distinta de otra línea. Y me he fijado que además de completamente desorientado estaba sucio y aterecido de frío. Parece ser que llevaba sobreviviendo un par de semanas en Madrid.
Así que se me ha ocurrido acercarme a la parroquia del colegio a ver si me podían decir dónde le podían ayudar. Estaba Chema, que los que le conocéis sabéis que es un bendito. He estado hablando con él y con un chico y una chica muy majos que estaban por allí. Nos ha dicho que a esas horas no hay ya nada, que Cáritas está abierto sólo hasta media tarde, pero que podía volver mañana. Nos ha dado también algo de dinero para comprarle algo de cenar y le hemos cogido una habitación para esta noche en un hostal.
He notado que me ha mirado un par de veces, una en la parroquia y luego cuando le hemos comprado algo de comer, como diciendo: "¿Por qué éste me ayuda si no me ha ayudado nadie?". Es curioso. Espero que mañana se acerque a Cáritas como le hemos dicho y que pueda de algún modo salir adelante, en lugar de morir en la calle o meterse en algún negocio oscuro, que es a lo que estaba abocado.
Muchas veces no sabemos lo que tenemos. No nos conformamos y sólo deseamos tener más y más. Y sin embargo hay demasiada gente en el mundo que no puede optar a eso que nos parece insuficiente. Este mundo no es justo y esto es sólo una prueba más.
Me ha parecido extraño porque los que piden no actúan así, sino que van directamente pidiendo utilizando para ello algún tipo de amenaza o chantaje emocional. Yo soy reacio a dar dinero porque así se favorece que sigan haciéndolo en lugar de ir a un sitio donde les puedan orientar. Es mejor dar donativos a este tipo de sitios y así asegurarse de que se va a usar para bien y no se lo van a gastar en drogas o alcohol. Por cierto, ahora les falta ropa en las parroquias y ONGs para ayudar a esta gente, así que si tenéis algo que no os pongáis, ya sabéis.
Pero a este chaval no le he visto malas intenciones y le he preguntado que dónde iba. Me ha señalado una parada en la línea del autobús y le he dicho que tenía que coger el autobús al otro lado de la calle, a lo cual se ha vuelto a girar y me ha señalado otra parada distinta de otra línea. Y me he fijado que además de completamente desorientado estaba sucio y aterecido de frío. Parece ser que llevaba sobreviviendo un par de semanas en Madrid.
Así que se me ha ocurrido acercarme a la parroquia del colegio a ver si me podían decir dónde le podían ayudar. Estaba Chema, que los que le conocéis sabéis que es un bendito. He estado hablando con él y con un chico y una chica muy majos que estaban por allí. Nos ha dicho que a esas horas no hay ya nada, que Cáritas está abierto sólo hasta media tarde, pero que podía volver mañana. Nos ha dado también algo de dinero para comprarle algo de cenar y le hemos cogido una habitación para esta noche en un hostal.
He notado que me ha mirado un par de veces, una en la parroquia y luego cuando le hemos comprado algo de comer, como diciendo: "¿Por qué éste me ayuda si no me ha ayudado nadie?". Es curioso. Espero que mañana se acerque a Cáritas como le hemos dicho y que pueda de algún modo salir adelante, en lugar de morir en la calle o meterse en algún negocio oscuro, que es a lo que estaba abocado.
Muchas veces no sabemos lo que tenemos. No nos conformamos y sólo deseamos tener más y más. Y sin embargo hay demasiada gente en el mundo que no puede optar a eso que nos parece insuficiente. Este mundo no es justo y esto es sólo una prueba más.
domingo 16 de noviembre de 2008
Racionalizando sentimientos
Razón y sentimiento, curiosa realidad de la vida.
Qué difícil resulta a veces hablar de nuestros sentimientos. Y no sólo porque nos dé miedo decir lo que pensamos y así quedar de algún modo al descubierto. También es el idioma el que nos impide expresar en su totalidad unos sentimientos a los que incluso en muchas ocasiones no les vemos una explicación racional.
Y es que muchas veces te pones a pensar por qué, por ejemplo, algo que a los demás les parece justo es para ti una gran injusticia. Y entonces te quedas callado sin saber razonar ese sentimiento tan claro. Por suerte, con los años uno va siendo capaz de entender su forma de ver el mundo y, de algún modo, poder transmitirla a los demás.
Sin embargo, ahondar en los propios sentimientos es algo duro para lo que el ser humano no está preparado. Así, a menudo la razón actúa como capa protectora frente a unos sentimientos que nos pueden hacer daño a nosotros mismos.
Muchas veces me pregunto por qué la gente fuma. Las respuestas típicas suelen ser cosas como: "de algo hay que morir" o "los no fumadores también enferman de lo mismo que los fumadores", cuando el argumento indiscutible es que el tabaco empeora la salud y aumenta las posibilidades de padecer un gran número de enfermedades. Los fumadores saben que es así, sienten que es así. Y sin embargo se engañan a sí mismos con razonamientos sin fundamento.
También he oído decir la frase: "no bailo porque no me gusta bailar". Creo que también la usé yo alguna vez. Sin embargo, son pocos los que dicen "no sé bailar y me da mucha vergüenza", que es lo que normalmente suele ocurrir y que tanto nos cuesta admitir.
Todo esto es incluso más complicado con las relaciones personales. Cuando conocemos a alguien ponemos grandes expectativas en esa persona. Y es normal. La razón normalmente no tiene todavía motivos para impedir seguir hacia adelante, y es el sentimiento el que en una primera etapa nos impulsa a aceptar o recharzar esa relación. De todas formas, también en ocasiones seguimos adelante en contra de nuestros sentimientos y de nuestra razón, debido a ciertas condiciones o necesidades. Ello hace, por ejemplo, que aceptemos trabajos que no nos gustan y en los que sabemos que nos explotan si recibimos por ello un buen sueldo o simplemente si nos hace falta algo de dinero.
Pero los sentimientos siempre están ahí. Analizando cada instante sin que la razón se dé cuenta. A veces decimos que la gente cambia. Puede ocurrir, pero es difícil. Normalmente son nuestros sentimientos los que cambian. Las distintas experiencias nos hacen sentir de una forma diferente a como lo hacíamos al principio. En realidad ello nos permite ver las cosas tal como son. Algunas veces mejor y otras peor de lo que pensábamos. Y es aquí donde la razón juega un papel importante. El ser humano por naturaleza odia no tener razón. Así, cuando los sentimientos revelan la realidad, la razón se resiste a admitir que el camino elegido es un error y recurrirá al autoengaño para darse falsos motivos que justifiquen la decisión inicialmente tomada.
Esto se ve claramente en la política. Muchas personas eligen inicialmente una ideología, que defenderán por encima de todo. Todos los políticos cometen errores y toman decisiones equivocadas. Y, pese a ello, hay quien se dedica a justificar lo injustificable. El que no ve errores en aquellos políticos a los que ha elegido se está engañando a sí mismo.
Así, se produce en este punto una paradoja. Si bien en un principio los sentimientos nos hacían ir hacia adelante aunque la razón estuviese en contra, ahora que los sentimientos ven la realidad y se ponen en contra, es la razón la que se pone a favor engañándonos a nosotros mismos para así seguir adelante.
Sin embargo, no podemos vivir a gusto en una situación donde razón y sentimientos dicen cosas opuestas, y tampoco si, estando ambos de acuerdo, la necesidad, las condiciones o el miedo al cambio nos impide seguir el camino que es correcto. Aun así, la capacidad de sufrimiento humana puede llegar a ser mayor que el desasosiego que produce reconocer ante uno mismo sus propios errores o que uno no está haciendo lo que debería.
Al final, será el tiempo el que haga que razón y sentimiento encuentren puntos en común, o que lleguen a extremos provocando una situación insostenible que nos obligue a romper con todo. El éxito está en analizar la situación sin prejucios y no tener miedo a aquello que en el fondo sabemos que es lo mejor.
Finalmente, en contra de lo que decía Descartes de que los sentidos nos engañan, diré yo que la razón también nos engaña y, aunque en un principio los sentimientos nos nublen la vista, al final son ellos casi siempre los que más razón tienen.
Qué difícil resulta a veces hablar de nuestros sentimientos. Y no sólo porque nos dé miedo decir lo que pensamos y así quedar de algún modo al descubierto. También es el idioma el que nos impide expresar en su totalidad unos sentimientos a los que incluso en muchas ocasiones no les vemos una explicación racional.
Y es que muchas veces te pones a pensar por qué, por ejemplo, algo que a los demás les parece justo es para ti una gran injusticia. Y entonces te quedas callado sin saber razonar ese sentimiento tan claro. Por suerte, con los años uno va siendo capaz de entender su forma de ver el mundo y, de algún modo, poder transmitirla a los demás.
Sin embargo, ahondar en los propios sentimientos es algo duro para lo que el ser humano no está preparado. Así, a menudo la razón actúa como capa protectora frente a unos sentimientos que nos pueden hacer daño a nosotros mismos.
Muchas veces me pregunto por qué la gente fuma. Las respuestas típicas suelen ser cosas como: "de algo hay que morir" o "los no fumadores también enferman de lo mismo que los fumadores", cuando el argumento indiscutible es que el tabaco empeora la salud y aumenta las posibilidades de padecer un gran número de enfermedades. Los fumadores saben que es así, sienten que es así. Y sin embargo se engañan a sí mismos con razonamientos sin fundamento.
También he oído decir la frase: "no bailo porque no me gusta bailar". Creo que también la usé yo alguna vez. Sin embargo, son pocos los que dicen "no sé bailar y me da mucha vergüenza", que es lo que normalmente suele ocurrir y que tanto nos cuesta admitir.
Todo esto es incluso más complicado con las relaciones personales. Cuando conocemos a alguien ponemos grandes expectativas en esa persona. Y es normal. La razón normalmente no tiene todavía motivos para impedir seguir hacia adelante, y es el sentimiento el que en una primera etapa nos impulsa a aceptar o recharzar esa relación. De todas formas, también en ocasiones seguimos adelante en contra de nuestros sentimientos y de nuestra razón, debido a ciertas condiciones o necesidades. Ello hace, por ejemplo, que aceptemos trabajos que no nos gustan y en los que sabemos que nos explotan si recibimos por ello un buen sueldo o simplemente si nos hace falta algo de dinero.
Pero los sentimientos siempre están ahí. Analizando cada instante sin que la razón se dé cuenta. A veces decimos que la gente cambia. Puede ocurrir, pero es difícil. Normalmente son nuestros sentimientos los que cambian. Las distintas experiencias nos hacen sentir de una forma diferente a como lo hacíamos al principio. En realidad ello nos permite ver las cosas tal como son. Algunas veces mejor y otras peor de lo que pensábamos. Y es aquí donde la razón juega un papel importante. El ser humano por naturaleza odia no tener razón. Así, cuando los sentimientos revelan la realidad, la razón se resiste a admitir que el camino elegido es un error y recurrirá al autoengaño para darse falsos motivos que justifiquen la decisión inicialmente tomada.
Esto se ve claramente en la política. Muchas personas eligen inicialmente una ideología, que defenderán por encima de todo. Todos los políticos cometen errores y toman decisiones equivocadas. Y, pese a ello, hay quien se dedica a justificar lo injustificable. El que no ve errores en aquellos políticos a los que ha elegido se está engañando a sí mismo.
Así, se produce en este punto una paradoja. Si bien en un principio los sentimientos nos hacían ir hacia adelante aunque la razón estuviese en contra, ahora que los sentimientos ven la realidad y se ponen en contra, es la razón la que se pone a favor engañándonos a nosotros mismos para así seguir adelante.
Sin embargo, no podemos vivir a gusto en una situación donde razón y sentimientos dicen cosas opuestas, y tampoco si, estando ambos de acuerdo, la necesidad, las condiciones o el miedo al cambio nos impide seguir el camino que es correcto. Aun así, la capacidad de sufrimiento humana puede llegar a ser mayor que el desasosiego que produce reconocer ante uno mismo sus propios errores o que uno no está haciendo lo que debería.
Al final, será el tiempo el que haga que razón y sentimiento encuentren puntos en común, o que lleguen a extremos provocando una situación insostenible que nos obligue a romper con todo. El éxito está en analizar la situación sin prejucios y no tener miedo a aquello que en el fondo sabemos que es lo mejor.
Finalmente, en contra de lo que decía Descartes de que los sentidos nos engañan, diré yo que la razón también nos engaña y, aunque en un principio los sentimientos nos nublen la vista, al final son ellos casi siempre los que más razón tienen.
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