Dije que se trataría de una serie de juegos y también que cada uno se preparase un chiste. Así que muchos de los que aceptaron el reto llegaron cuanto menos desconfiados, como tratando de adivinar qué maldades se me podían haber ocurrido.
Yo quería romper con las típicas celebraciones de cumpleaños donde todo el mundo forma grupitos según de qué conoces a cada uno. Por una parte los de la universidad, por otra los del colegio,... Así que formé varios equipos donde no podían estar juntos ni los novios ni los muy amigos.
Primero les di a robar una carta a cada uno, y me llamó la atención que no me la querían enseñar, incluso cuando les decía que no era para hacer ningún truco.
Poco después de empezar con las pruebas la desconfianza inicial había desaparecido y vi con agrado cómo se volcaban todos a resolver los distintos enigmas que les planteaba. Hasta el punto de que en algunos momentos estaban tan metidos en el juego que no me hacían ni caso. De hecho, durante una de las pruebas fui al baño y volví sin que muchos se enteraran.
Me quedarán agradables recuerdos de esta fiesta. Uno conseguir reunir a muchos de mis amigos (al final vinieron más de 40 personas), a algunos de los cuales hacía bastante tiempo que no veía. También el regalazo de los del coro. Y, por otra parte, anécdotas puntuales, como Jorge con las gafas improvisadas que se inventaron, los chistes de Chema, Nacho, Carlos, los dos David,..., o como cuando Paco me comentó sobre la prueba de la torre:
- Yo lo vi claro cuando ese chico del cole dijo: "Yo sé cómo se hace esto, que lo he hecho en tecnología. Poneos a hacer canutillos con el papel". Pero luego no lo vi tan claro cuando el mismo chico dijo: "Ah, que no se puede usar pegamento".
Pero sobre todo me quedará en el recuerdo la sensación de amistad que se respiró aquel día. Todos allí eran amigos, sin que muchos se conocieran entre ellos, y colaboraban con gran ilusión por conseguir la cadena más larga o la torre más alta. Y todos me dieron las gracias por la fiesta, pero unas gracias de corazón, diciéndome con la mirada: "gracias, porque durante este rato he sido feliz". Y eso me hizo también feliz a mí.
Allí los amigos fuimos más amigos que nunca, porque salimos de la simple rutina de quedar los fines de semana y contarnos nuestros problemas. Hubo más abrazos, más miradas de complicidad y más signos de cariño.
Creo que aquel día conseguí sacar lo mejor de ellos, y ellos lo mejor de mí.
