lunes, 29 de octubre de 2007

Minneapolis. La ardilla albina.


Pues sí señores, ¡¡era una ardilla albina!! Jason me lo confirmó, y el otro día le saqué una foto. Estuvo gracioso porque me puse a seguirla con la cámara y un hombre se paró a mirar qué leches estaba haciendo.

Después vio la ardilla y supongo que ya se dio cuenta de cuál era el motivo, aunque debió pensar: "vaya cosa, mira que hacerle una foto a una ardilla". Claro jo, que para la gente de aquí es normal, pero para mí no. Así que aquí os pongo la foto para demostrarlo.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Minneapolis. Usos y costumbre: El transporte.

Aquí cuando tienes que ir a algún sitio es fácil: miras en Internet la dirección y la ruta que tienes que seguir, coges el coche y vas. Pero claro, esto tan sencillo tiene ciertas implicaciones que me gustaría comentar.

En Estados Unidos las ciudades (salvo unas pocas excepciones) son grandes extensiones de terreno con casitas bajas, de no más de dos o tres alturas. Así, la poca densidad de población permite aparcar el coche prácticamente donde quieras, algo impensable en Madrid. Sin embargo, a diferencia de Madrid, donde siempre utilizas algún sitio conocido como referencia, como puede ser: está al lado de Sol; o bajando por la Castellana la siguiente a Alcalá; o bien cerca de la casa de Virginia (bueno, esta última nunca se da), aquí te tienes que bajar el mapa de Internet, porque no hay forma humana de poder memorizar la ruta. La verdad es que no sé cómo podría vivir esta gente antes de la aparición de Google Maps.

Además, aquí está muy extendido lo del "double check", que no es un cupón de 2x1, sino simplemente significa volver a comprobar las cosas por segunda vez. Y es que, si no, puede pasar como nos pasó a Aaron y a mí el día que fuimos a unos salones recreativos. El caso es que imprimió el plano de Internet, como es costumbre, y nos fuimos para allá. Seguimos las indicaciones y todo muy bien hasta que de repente nos encontramos con una señal de calle cortada por obras. Claro, estas cosas no las prevee Google Maps, y apartir de ese momento tu suerte depende de la resolución con la que hayas impreso el plano. En nuestro caso, la calle cortada pillaba casi al final del dibujo, así que para asegurar nos dimos la vuelta de nuevo y entramos por otro sitio.

Pero fue cuando llegamos al supuesto destino es cuando se puso de manifiesto el factor del "double check": Aaron había puesto una dirección incorrecta en el buscador. Así que llamó a su madre para que nos ayudara haciendo lo propio: entrar en Internet y ver el mapa de la ruta. "... yes mum, I should have double checked...". Y con las indicaciones de la madre llegamos al lugar, ¡¡pero más de hora y media después!! Vamos, aproximadamente cuando quería estar de vuelta en casa. Por lo menos nos lo pasamos bien aquel día. ¡Y ganamos una Hacky Sack Ball!

Y esto es lo menos malo que te puede pasar, ya que los problemas de verdad empiezan cuando te das cuenta de que no tienes coche y tienes que enlazar varios autobuses. Porque aquí el transporte público es malo (en el sentido de que la frecuencia de autobuses es baja) y caro: un billete sencillo cuesta $1.5 ($2 en hora punta), y el abono mensual es $76. Por el contrario, existe un servicio de autobuses especial de la Universidad de Minnesota que une los campus de St. Paul y Minneapolis y que es gratuito.

Por otra parte, hace un par de años construyeron el metro ligero, que los fines de semana pasa cada 10 minutos. Sólo hay una línea que conecta Downtown con el sur de Minneapolis, pero la verdad es que le ha dado mucha vida a la ciudad. No imagino la de autobuses que tendrían que coger antes para ir, por ejemplo, desde el centro al aeropuerto.

Otra cosa que me ha llamado la atención es que en Madrid si ves que se va el autobús, puedes correr un poco y ponerle carita de bueno al conductor para que te abra la puerta (bueno, si eres una tía no hace falta tanto esfuerzo), aunque hay algunos con cierta mala leche que no abren (bueno, no sé si esto es cierto para el caso de las chicas). Vamos, que el caso es que aquí todos son así, entiendo que por costumbre y no por maldad, pero de todas formas resulta chocante. Y no sólo chocante sino que es una gracia perder el autobús, ya que probablemente tendrás que esperar como media hora hasta que llegue el siguiente.

lunes, 22 de octubre de 2007

Minneapolis. Usos y costumbres: El idioma.

No cabe duda de que aquí el idioma oficial es el inglés. De hecho dicen que la pronunciación de Minnesota es de las mejores de Estados Unidos, y que a los locutores de radio y presentadores de televisión de vez en cuando les hacen venir por aquí para que cojan el acento.

Y la verdad es que a la gente se le entiende bastante bien. De todas formas, al principio me costaba un poco comprenderles, es decir, comprender lo que decían. Supongo que se debe a que en Madrid se enseña más bien inglés británico.

Pero bueno, que el inglés sea el idioma oficial no quiere decir que no se hablen otros idiomas. Por ejemplo, es sabido que en Miami o Los Ángeles gran parte de la población habla español. Pero lo que no era sabido hasta ahora al otro lado del océano, es que en Minneapolis también hay un montón de gente hispanoablante. Yo pensaba que por aquí sólo se hablaría inglés y me llevé una sorpresa cuando vi que no era así. De hecho, existen barrios de latinos, algunos de ellos (los barrios) bastante grandes.

Así, en ciertos supermercados es más fácil escuchar a gente hablando en castellano que en inglés, también por el hecho de que los latinos suelen ir en familia a comprar y lo americanos no tanto.

Además, el otro día fui con Jason y un amigo suyo a comer a un restaurante mexicano. La verdad es que fue gracioso, porque le pregunté a la camarera en español sobre la comida y, visto mi acento, pensó que era un americano que quería practicar el castellano, así que me cambió directamente al inglés. Total que pedí en inglés y, al rato, no sé a cuento de qué, le dijimos que yo hablaba español porque era de España (es lo que tiene ser de España, que sabes hablar español quieras o no, qué le vamos a hacer). Así que le debió hacer un montón de ilusión y se puso a expicarme todos los tipos de comida mexicana: que si los tamales, las fajitas, los frijoles... Y cuando llevaba un plato a otra mesa me lo enseñaba y me decía: "mira, esto son los tacos". Nos lo pasamos bien aquel día porque, además, Jason habla castellano pero su amigo no, así que debía estar el pobre que no se enteraba de nada en su propio país.

lunes, 15 de octubre de 2007

Minneapolis. Usos y costumbres: La fauna local.

Otro día hablaré de los habitantes de la región, que en general son gente bastante maja. Hoy, por el contrario, me gustaría hacer un pequeño comentario sobre los animalitos que se ven por las calles.

He estado pensando sobre qué animales hay por Madrid, a parte de pájaros. Y sólo se me ocurre que hay algún que otro gato y poco más. Sin embargo aquí no hay gatos sino ardillas. Y la verdad es que son muy graciosa y hay bastantes campando a sus anchas. Incluso, el otro día vi una ardilla blanca. No sé si es alguna variedad especial o es que era albina.

A Jason le extrañó un montón la posibilidad de que pueda haber gatos por la calle; igual que a mí ver ardillas en plena ciudad. Ahora, lo que sí que me resultó raro es ver conejos. Sí, ¡conejos por la calle! Vamos, ni yendo al monte en Madrid es fácil ver un conejo y, sin embargo, aquí se te cruzan de vez en cuando. Ciertamente, no hay tantos como ardillas, pero ya he visto unos cuantos.

Por otra parte, cada estado de los Estados Unidos se identifica por un ave que es típica de dicha región. No recuerdo cuál es el ave característica de Minnesota, pero por aquí se dice que es el mosquito. Ahora no hay, pero parece ser que este verano estaba la ciudad plagada de ellos. Menos mal que ya pasó porque, no sé por qué, los mosquitos en general tiene la mala costumbre de venir a picarme a mí.

domingo, 14 de octubre de 2007

Minneapolis. Usos y costumbres: La comida.

Muchos me habéis preguntado que si como bien, que qué tal las hamburguesas, etc. A la primera pregunta responderé que sí, en la medida de lo posible; y respecto a la segunda ya os responderé cuando las pruebe.

El caso es que el tema de la comida es complicado aquí. Uno echa de menos la posibilidad de ir al bar de la esquina a tomarse unas lentejas. Bueno, la verdad es que no recuerdo haberlo hecho nunca, pero vaya, que es una posibilidad que se echa de menos, y que parece que sólo existe en España: comida "saludable" a un precio razonable. Por el contrario, aquí las opciones están muy claras: o comes comida rápida o te la haces tú. Así que, evidentemente, me he decantado por la segunda opción.

Lo de la comida rápida me lo esperaba, así que no me ha sorprendido. Sin embargo, me ha extrañado que no haya un comedor universitario en la propia escuela. Existe algo parecido en algunos edificios más o menos cercanos, pero lo que dan allí es poco (pequeñas raciones metidas en un tupperware) y caro.

Toda esta situación hace que haya bastantes personas preocupadas por la calidad de los alimentos que compran. Según dicen, los controles sanitarios de los alimentos no son muy exaustivos y, por ello, prefieren comprar comida "orgánica", que viene a querer decir: producida en condiciones naturales, sin pesticidas o piensos que hagan engordar a los animales. Así que existen numerosas cooperativas en las que puedes encontrar estos productos. La pega es que son considerablemente más caros que el resto de alimentos, y tampoco parece que exista ninguna prueba fehaciente de que sean mejores que los otros, por lo que se trata más de una cuestión de fe.

viernes, 12 de octubre de 2007

Minneapolis: Los inicios.

Volé a Minneapolis en jueves. Escogí este día de la semana porque no tenía aún alojamiento y pensaba dedicar jueves, viernes y, a una mala, sábado para buscarlo. Así podría empezar con las investigaciones tranquilamente el lunes.

En el viaje no tuve ningún problema y cuando llegué hacía bastante bueno: sol y probablemente más de 70 ºF (sí, aquí la temperatura se mide en Fahrenheit
, qué le vamos a hacer). Además los del departamento se portaron muy bien conmigo. Hay dos coreanos. Uno de ellos me fue a recoger al aeropuerto y el otro me ofreció dormir en el sofá de su apartamento hasta que encontrara alojamiento.

Así que ese mismo día me puse manos a la obra a ver lugares donde vivir. Ellos ya habían concertado algunas citas y yo también tenía vistas algunas opciones, pero ciertamente no me convenció ninguno de los sitios. Todo quedaba entre coger un piso compartido con tres o cuatro personas en unas condiciones de higiene y orden digamos cuestionables, o ir a un residencia de estudiantes pija y cara, en la que no sólo tendría que haber pagado precio base, sino también el mes de diciembre entero aunque me vuelva a Madrid a mitad, y un plus de $75 por coger un alquiler menor de 6 meses, es decir, la ruina. (Sí, aquí la moneda es el dólar, qué le vamos a hacer, aunque supongo que ya lo sabíais).

Así que al día siguiente continué en plan "sigue buscando tu suerte" (como ponía en todos los envoltorios de no se qué golosina que tomaba cuando era pequeño). Sin embargo este día fue distinto, en concreto frío, muy frío. ¡¡La leche el frío que hacía!! (seguro que pocos Fahrenheit, y menos Celsius todavía) Y yo congelado por la calle, que más que buscar casa parecía que estaba buscando refugio.

El caso es que no encontré nada ni el viernes ni el sábado, y el domingo me lo pasé medio malo en la casa del coreano (así que casi igual que los planes que había hecho). Afortunadamente el lunes ya estaba bastante bien y estuve en la universidad buscando por internet, mirando las direcciones de los sitios y llamando por teléfono para concretar citas. Pues eso el lunes, el martes, el miércoles... hasta que me di cuenta de que el problema es que es prácticamente imposible en esta época alquilar algo sólo para 3 meses. Y la verdad es que me angustié un poco al ver que pasaban los días y no encontraba nada. Y creo que fue fue el viernes el día que me llamó Jason y me dijo que podía ir a vivir con el.

lunes, 8 de octubre de 2007

Introducción.

Hay quien dice que siempre un motivo para empezar a escribir un blog. En mi caso diré que ya hacía bastante tiempo que tenía ganas de escribir sobre todas esas anécdotas que te van pasando en la vida, y que luego recuerdas con añoranza y vuelven a hacerte sonreir. Me vienen a la cabeza, por ejemplo, las ensaladas de arroz de Málaga y los guisantes sin aliñar; las entrañables noches en el albergue de Berlín; y también aquellas joviales canciones por las calles de Granada. Qué tiempos aquellos me digo ahora... Y, cómo no, me alegro de poder compartir a partir de ahora estas experiencias con todos vosotros, mis amigos.

Quizás alguno se pregunte por qué no me decidí a empezar a escribir antes si tantas ganas tenía, aunque vosotros que me conocéis no creo que tengáis ningún problema en encontrar la respuesta. El caso es que, desgraciadamente, el día tiene sólo 24 horas, lo mires por donde lo mires. Muchos querríamos que tuviese qué menos que 30, y así quizás dedicar un rato cada día a escribir un blog. Pero nos tenemos que conformar con lo que hay y aprovecharlo lo mejor posible.

Sin embargo ahora sí que dispongo de más tiempo, y todo se debe a mi estancia de doctorado. Llevo ya casi un mes en Minneapolis (Minnesota), y estaré aquí hasta mediados de diciembre. Para los mal pensados, quiero aclara desde un principio que el hecho de que tenga más tiempo ahora no se debe a que haga el vago en la universidad, sino simplemente a que no tengo todas las actividades que hacía en Madrid, ni tantos buenos amigos con los que quedar.

Así que espero que disfrutéis con mis historias y agracederé cualquier comentario constructivo que queráis hacer.