Esta tarde fui a correr. Necesitaba distraerme después del trabajo. Di una vuelta por el barrio. Cuando volvía a casa pensé que estaría bien acabar el camino andando, pues hacía buena tarde. Después vi el césped y se me ocurrió tumbarme en la hierba para reposar y contemplar el cielo.
Las nubes eran pequeñas y dispersas. Y se movían muy despacio. Al principio eran sólo nubes, pero pronto reconocí la cara de un hombre con sombrero. Entonces presté más atención. Y vi que también había un cerdito y un hipopótamo diciendo la letra 'o'. También vi un cadáver y una nube que estaba enfadada, aunque luego me pareció que en realidad estaba hinchando las mejillas y cogiendo mucho aire para soplar a la nube de al lado.
Y entonces me di cuenta de lo bonito que era el cielo y de lo poco que me paro a mirarlo. Y siempre esta ahí para ser observado, pero a veces uno siente que la vida pasa tan rápido que no tiene tiempo para detenerse un momento. Pero si uno para un instante se da cuenta de que tiene todo el tiempo del mundo por delante. Porque no sé cuánto tiempo me pasé mirando las nubes, pero me pareció una eternidad.
Me habría gustado que hubieses estado aquí para enseñarte las nubes y disfrutar juntos de un momento de eternidad. Aunque si sales al jardin y te tumbas en la hierba, o si simplemente miras al cielo por la ventana, quizás puedas sentir lo mismo que sentí yo.
viernes, 29 de junio de 2012
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