Hoy hemos estado cantando villancicos en la Plaza Mayor. Y la verdad es que la experiencia me ha resultado muy gratificante.
Cantar es algo bello de por sí, pero lo es todavía más cuando se juntan varias personas que conectan, porque se ve que las distintas voces se unen y forman un todo aún mayor, que un solo cantante no puede alcanzar. Francamente, es una de las mejores experiencias de la vida.
Pero también he aprendido mucho observando a la gente que pasaba por allí, y que no se esperaban encontrar un coro cantando villancicos. Unos simplemente pasaban, abstraídos en sus pensamientos, los cuales les impedían ver lo que tenían delante de sus narices. De hecho es algo normal. Yo me suelo fijar en la gente cuando voy andando por la calle, y es difícil que me cruce con alguien que conozco y no le vea (quizás es por eso por lo que casi siempre me encuentro con algún amigo). Y cuando veo a estos que pasan sin más, me da la sensación de que están perdiendo parte de su vida, su presente, porque yo creo que en cada momento hay algo que poder apreciar.
Otros pasaban como con vergüenza por delante del coro, apartando la vista, como con miedo a enfrentarse a una situación desconocida. Y en vez de afrontarla, decidían huir de ella. Sin embargo, yo pienso que para evolucionar en la vida hay que saber enfrentarse a los problemas que se nos plantean. Esto es lo que nos hacer aprender y crecer como personas.
Pero también había quien se quedaba. Algunos tímidamente, como con cierto miedo a reconocer que les gustaba lo que cantábamos. Porque claro, pararse a escuchar significa ir en contra del resto de la gente, lo cual no es sencillo y plantea la duda de si lo que se está haciendo es correcto ¿qué dirán los demás? ¿está bien lo que hago si todos siguen otro camino?
Luego, cuando ya hay suficiente gente escuchando, otros se apuntan por inercia. Si ya hay otras personas allí paradas, el hecho de añadirse a la masa no crea ningún conflicto moral.
Y de todos ellos, se notaba quién disfrutaba con alguna de nuestras canciones e incluso quedándose hasta el final. Porque se daban cuenta de que estaban viviendo un momento difícil de repetir, porque la vida, quizás por azar, les había brindado una oportunidad única y ellos eran conscientes de que la habían sabido aprovechar y habían podido disfrutar de ella.
Así que, sea cual sea vuestro camino en la vida, estad atentos a vuestro alrededor, porque la vida muchas veces ofrece nuevas oportunidades que podemos aceptar o rechazar voluntariamente, pero que en ningún caso deben quedar descartadas simplemente por andar ciegos en una dirección y no percatarnos de ellas, ni por miedo a tomar una ruta alternativa en nuestro camino.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
jueves, 15 de octubre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
Las reglas del juego
El otro día hablaba con una amiga y le decía que había cambiado mi forma de ver el mundo, a lo que ella me preguntó:
- ¿Y cómo lo ves ahora?
- Como un juego - dije yo.
Claro, esto descuadró un poco a mi amiga aunque, en realidad, la explicación no es tan compleja.
De pequeño uno piensa que el mundo es ideal, y que toda la gente es buena y vive feliz. Sin embargo, con el tiempo vas percibiendo ciertos signos de que las cosas no son tan bonitas como pensabas, que también hay gente mala como en las películas y que no es tan fácil ser feliz.
Más adelante te das cuenta de que el modelo no es tan sencillo. Entre bueno y malo hay muchos grados, y cada persona entiende la felicidad de forma distinta.
Entonces te empizas a preguntar por qué el mundo es así. Sería más fácil y mejor para todos hacer las cosas bien, preocuparse por los demás y crear entre todos un mundo donde todos podamos ser felices. Por ello, no llegas a comprender por qué las personas actúan de cierta forma.
Con el tiempo aceptas que cada persona es única y hace las cosasa su manera, y que no tiene sentido preguntarse por qué. Es así y ya está.
Pero entonces deseas que la gente cambie a mejor, que se dé cuenta de que el camino que sigue no es el correcto. Quieres que el mundo pase a ser el lugar ideal que percibías cuando eras pequeño. Y te esfuerzas con ilusión por que la gente cambie, por que vea las cosas de otra manera. Y buscas a pesonas que vean el mundo como lo ves tú.
Sin embargo, con el tiempo te das cuenta de que los esfuerzos muchas veces son en balde, de que todo es una utopía. Y entonces te pregutas: ¿qué hago yo en este mundo? Este mundo no es adecuado para mí. Y te haces miles de preguntas cuya respuesta no es la que esperabas.
Y cuando más te cuesta encontrar el sentido de la vida te das cuenta de un detalle. Que no habías leído las instrucciones. Que se te había pasado por alto consultar las reglas del juego. Es posible que un delantero de fútbol quiera dar al balón con la mano. Pero por mucho que quiera no le está permitido. Y podrá pensar que esa regla es injusta y que no debería ser así. Sin embargo, aunque se empeñe, deberá aceptarla si quiere jugar al fútbol.
Pues la vida es igual. No somos nosotros los que ponemos las reglas del juego. Y podemos estar lamentándonos eternamente de que las reglas no sean como nosotros creemos que deberían ser. Sin embargo, sólo cuando aceptemos estas reglas, por muy injustas que nos parezcan, es cuando podremos disfrutar de este juego que es la vida.
- ¿Y cómo lo ves ahora?
- Como un juego - dije yo.
Claro, esto descuadró un poco a mi amiga aunque, en realidad, la explicación no es tan compleja.
De pequeño uno piensa que el mundo es ideal, y que toda la gente es buena y vive feliz. Sin embargo, con el tiempo vas percibiendo ciertos signos de que las cosas no son tan bonitas como pensabas, que también hay gente mala como en las películas y que no es tan fácil ser feliz.
Más adelante te das cuenta de que el modelo no es tan sencillo. Entre bueno y malo hay muchos grados, y cada persona entiende la felicidad de forma distinta.
Entonces te empizas a preguntar por qué el mundo es así. Sería más fácil y mejor para todos hacer las cosas bien, preocuparse por los demás y crear entre todos un mundo donde todos podamos ser felices. Por ello, no llegas a comprender por qué las personas actúan de cierta forma.
Con el tiempo aceptas que cada persona es única y hace las cosasa su manera, y que no tiene sentido preguntarse por qué. Es así y ya está.
Pero entonces deseas que la gente cambie a mejor, que se dé cuenta de que el camino que sigue no es el correcto. Quieres que el mundo pase a ser el lugar ideal que percibías cuando eras pequeño. Y te esfuerzas con ilusión por que la gente cambie, por que vea las cosas de otra manera. Y buscas a pesonas que vean el mundo como lo ves tú.
Sin embargo, con el tiempo te das cuenta de que los esfuerzos muchas veces son en balde, de que todo es una utopía. Y entonces te pregutas: ¿qué hago yo en este mundo? Este mundo no es adecuado para mí. Y te haces miles de preguntas cuya respuesta no es la que esperabas.
Y cuando más te cuesta encontrar el sentido de la vida te das cuenta de un detalle. Que no habías leído las instrucciones. Que se te había pasado por alto consultar las reglas del juego. Es posible que un delantero de fútbol quiera dar al balón con la mano. Pero por mucho que quiera no le está permitido. Y podrá pensar que esa regla es injusta y que no debería ser así. Sin embargo, aunque se empeñe, deberá aceptarla si quiere jugar al fútbol.
Pues la vida es igual. No somos nosotros los que ponemos las reglas del juego. Y podemos estar lamentándonos eternamente de que las reglas no sean como nosotros creemos que deberían ser. Sin embargo, sólo cuando aceptemos estas reglas, por muy injustas que nos parezcan, es cuando podremos disfrutar de este juego que es la vida.
viernes, 14 de agosto de 2009
Meditación Coral nº2
Ayer soñé en un mundo donde el cielo era azul,
donde el sol calentaba la tierra y el mar
radiando con su luz,
la luz de la verdad.
Allí las gentes respetaban a los demás,
buscando hacer su mundo un lugar de amistad,
sin odio ni maldad,
donde vivir en paz.
Los sueños eran dulces,
los osos de peluche,
las armas de cartón,
las nubes de algodón,
y las palabras sonaban a libertad,
en pos de la verdad.
Allí fue donde yo escuché esta misma canción,
y la aprendí por que tú pudieras oír,
lo que se canta allí,
muy desde el corazón.
Las aguas bajaban por los ríos,
llenando los campos de esplendor,
con mil flores de intenso brillo,
cada uno de otro color.
Allí no existía la mentira,
las gentes cantaban con pasión,
se vivía con alegría,
se amaba sin condición.
Por qué en este mundo donde vivimos hoy,
no trabajamos para tratar de crear,
un mundo de amistad,
paz y felicidad.
© 2009
donde el sol calentaba la tierra y el mar
radiando con su luz,
la luz de la verdad.
Allí las gentes respetaban a los demás,
buscando hacer su mundo un lugar de amistad,
sin odio ni maldad,
donde vivir en paz.
Los sueños eran dulces,
los osos de peluche,
las armas de cartón,
las nubes de algodón,
y las palabras sonaban a libertad,
en pos de la verdad.
Allí fue donde yo escuché esta misma canción,
y la aprendí por que tú pudieras oír,
lo que se canta allí,
muy desde el corazón.
Las aguas bajaban por los ríos,
llenando los campos de esplendor,
con mil flores de intenso brillo,
cada uno de otro color.
Allí no existía la mentira,
las gentes cantaban con pasión,
se vivía con alegría,
se amaba sin condición.
Por qué en este mundo donde vivimos hoy,
no trabajamos para tratar de crear,
un mundo de amistad,
paz y felicidad.
© 2009
viernes, 31 de julio de 2009
Por fin!!!!!
Por fin de vacaciones!!!! Después de dos años. Madre mía, qué emoción. No quepo en mí mismo.
Sí, dos años. Si es que eso es desde antes de que empezara a escribir el blog. En ese tiempo le ha dado tiempo a la luna a eclipsarse varias veces. Y hasta Estados Unidos ha cambiado de presidente. En fin. A disfrutar...
Sí, dos años. Si es que eso es desde antes de que empezara a escribir el blog. En ese tiempo le ha dado tiempo a la luna a eclipsarse varias veces. Y hasta Estados Unidos ha cambiado de presidente. En fin. A disfrutar...
domingo, 24 de mayo de 2009
Sobre las opiniones
He seleccionado un fragmento de la "Investigación del conocimiento humano" de David Hume que me ha parecido interesante. Espero que os guste:
"La mayoría de la humanidad tiende a ser afirmativa y dogmática en sus opiniones y, mientras ven objetos desde un solo punto de vista y no tienen idea de los argumentos que lo contrarrestan, se adhieren precipitadamente a los principios a los que están inclinados y no tienen compasión alguna con los que tienen sentimientos opuestos. Dudar o sospechar algo aturde su entendimiento, frena su pasión y suspende su acción. Por lo tanto, están inquiertos hasta que escapan de un estado que les resulta tan incómodo y piensan que nunca se podrán alejar suficientemente de él con la violencia de sus afirmaciónes y la obstinación de su creencia. Pero si pensadores tan dogmáticos pudieran volverse consicentes de las extrañas debilidades del entendimiento humano, incluso en su estado más perfecto, cuando es más preciso y cauto en sus determinaciones, tal reflexión, por supuesto, les inspiraría mayor modestia y reserva, y disminuiría su buena opinión de sí mismos y su prejuicio contra sus antagonistas."
"La mayoría de la humanidad tiende a ser afirmativa y dogmática en sus opiniones y, mientras ven objetos desde un solo punto de vista y no tienen idea de los argumentos que lo contrarrestan, se adhieren precipitadamente a los principios a los que están inclinados y no tienen compasión alguna con los que tienen sentimientos opuestos. Dudar o sospechar algo aturde su entendimiento, frena su pasión y suspende su acción. Por lo tanto, están inquiertos hasta que escapan de un estado que les resulta tan incómodo y piensan que nunca se podrán alejar suficientemente de él con la violencia de sus afirmaciónes y la obstinación de su creencia. Pero si pensadores tan dogmáticos pudieran volverse consicentes de las extrañas debilidades del entendimiento humano, incluso en su estado más perfecto, cuando es más preciso y cauto en sus determinaciones, tal reflexión, por supuesto, les inspiraría mayor modestia y reserva, y disminuiría su buena opinión de sí mismos y su prejuicio contra sus antagonistas."
martes, 31 de marzo de 2009
La fiesta
Ya hacía tiempo que no celebraba mi cumpleaños, así que este año me decidí finalmente a organizar una fiestecilla.
Dije que se trataría de una serie de juegos y también que cada uno se preparase un chiste. Así que muchos de los que aceptaron el reto llegaron cuanto menos desconfiados, como tratando de adivinar qué maldades se me podían haber ocurrido.
Yo quería romper con las típicas celebraciones de cumpleaños donde todo el mundo forma grupitos según de qué conoces a cada uno. Por una parte los de la universidad, por otra los del colegio,... Así que formé varios equipos donde no podían estar juntos ni los novios ni los muy amigos.
Primero les di a robar una carta a cada uno, y me llamó la atención que no me la querían enseñar, incluso cuando les decía que no era para hacer ningún truco.
Poco después de empezar con las pruebas la desconfianza inicial había desaparecido y vi con agrado cómo se volcaban todos a resolver los distintos enigmas que les planteaba. Hasta el punto de que en algunos momentos estaban tan metidos en el juego que no me hacían ni caso. De hecho, durante una de las pruebas fui al baño y volví sin que muchos se enteraran.
Me quedarán agradables recuerdos de esta fiesta. Uno conseguir reunir a muchos de mis amigos (al final vinieron más de 40 personas), a algunos de los cuales hacía bastante tiempo que no veía. También el regalazo de los del coro. Y, por otra parte, anécdotas puntuales, como Jorge con las gafas improvisadas que se inventaron, los chistes de Chema, Nacho, Carlos, los dos David,..., o como cuando Paco me comentó sobre la prueba de la torre:
- Yo lo vi claro cuando ese chico del cole dijo: "Yo sé cómo se hace esto, que lo he hecho en tecnología. Poneos a hacer canutillos con el papel". Pero luego no lo vi tan claro cuando el mismo chico dijo: "Ah, que no se puede usar pegamento".

Pero sobre todo me quedará en el recuerdo la sensación de amistad que se respiró aquel día. Todos allí eran amigos, sin que muchos se conocieran entre ellos, y colaboraban con gran ilusión por conseguir la cadena más larga o la torre más alta. Y todos me dieron las gracias por la fiesta, pero unas gracias de corazón, diciéndome con la mirada: "gracias, porque durante este rato he sido feliz". Y eso me hizo también feliz a mí.
Allí los amigos fuimos más amigos que nunca, porque salimos de la simple rutina de quedar los fines de semana y contarnos nuestros problemas. Hubo más abrazos, más miradas de complicidad y más signos de cariño.
Creo que aquel día conseguí sacar lo mejor de ellos, y ellos lo mejor de mí.
Dije que se trataría de una serie de juegos y también que cada uno se preparase un chiste. Así que muchos de los que aceptaron el reto llegaron cuanto menos desconfiados, como tratando de adivinar qué maldades se me podían haber ocurrido.
Yo quería romper con las típicas celebraciones de cumpleaños donde todo el mundo forma grupitos según de qué conoces a cada uno. Por una parte los de la universidad, por otra los del colegio,... Así que formé varios equipos donde no podían estar juntos ni los novios ni los muy amigos.
Primero les di a robar una carta a cada uno, y me llamó la atención que no me la querían enseñar, incluso cuando les decía que no era para hacer ningún truco.
Poco después de empezar con las pruebas la desconfianza inicial había desaparecido y vi con agrado cómo se volcaban todos a resolver los distintos enigmas que les planteaba. Hasta el punto de que en algunos momentos estaban tan metidos en el juego que no me hacían ni caso. De hecho, durante una de las pruebas fui al baño y volví sin que muchos se enteraran.
Me quedarán agradables recuerdos de esta fiesta. Uno conseguir reunir a muchos de mis amigos (al final vinieron más de 40 personas), a algunos de los cuales hacía bastante tiempo que no veía. También el regalazo de los del coro. Y, por otra parte, anécdotas puntuales, como Jorge con las gafas improvisadas que se inventaron, los chistes de Chema, Nacho, Carlos, los dos David,..., o como cuando Paco me comentó sobre la prueba de la torre:
- Yo lo vi claro cuando ese chico del cole dijo: "Yo sé cómo se hace esto, que lo he hecho en tecnología. Poneos a hacer canutillos con el papel". Pero luego no lo vi tan claro cuando el mismo chico dijo: "Ah, que no se puede usar pegamento".
Pero sobre todo me quedará en el recuerdo la sensación de amistad que se respiró aquel día. Todos allí eran amigos, sin que muchos se conocieran entre ellos, y colaboraban con gran ilusión por conseguir la cadena más larga o la torre más alta. Y todos me dieron las gracias por la fiesta, pero unas gracias de corazón, diciéndome con la mirada: "gracias, porque durante este rato he sido feliz". Y eso me hizo también feliz a mí.
Allí los amigos fuimos más amigos que nunca, porque salimos de la simple rutina de quedar los fines de semana y contarnos nuestros problemas. Hubo más abrazos, más miradas de complicidad y más signos de cariño.
Creo que aquel día conseguí sacar lo mejor de ellos, y ellos lo mejor de mí.
sábado, 21 de marzo de 2009
Se abrió la veda
Bueno, ya se ha abierto la temporada de excursiones de este año!!
El otro día me compré unas botas nuevas con la idea de aprovecharlas para estos eventos, aunque, con eso de que primero se deben ajustar al pie hoy no me las he puesto. Craso error, por otra parte, porque había un montón de nieve en Peñalara. Aunque bueno, pensándolo bien, quizás no haya sido un error, recordando las heridas que me hicieron unas botas que me compré en Minneapolis...
El caso es que hoy nos ha hecho un tiempo espléndido, y esta vez sí me he dado crema, no como el año pasado en Gredos, que me duró la gracia dos meses... si es que parezco principiante.
Además, ha estado muy divertido, sobre todo en el descenso, ya que se podía bajar casi como si fueras esquiando. Pero claro, esto también tiene sus consecuencias, es decir, los pies calados por no llevar calzado adecuado.

Así que espero que esta sea la primera de una serie de excursiones en buena compañía. Quien se anime para la próxima sólo tiene que decirlo.
El otro día me compré unas botas nuevas con la idea de aprovecharlas para estos eventos, aunque, con eso de que primero se deben ajustar al pie hoy no me las he puesto. Craso error, por otra parte, porque había un montón de nieve en Peñalara. Aunque bueno, pensándolo bien, quizás no haya sido un error, recordando las heridas que me hicieron unas botas que me compré en Minneapolis...
El caso es que hoy nos ha hecho un tiempo espléndido, y esta vez sí me he dado crema, no como el año pasado en Gredos, que me duró la gracia dos meses... si es que parezco principiante.
Además, ha estado muy divertido, sobre todo en el descenso, ya que se podía bajar casi como si fueras esquiando. Pero claro, esto también tiene sus consecuencias, es decir, los pies calados por no llevar calzado adecuado.

Así que espero que esta sea la primera de una serie de excursiones en buena compañía. Quien se anime para la próxima sólo tiene que decirlo.
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