domingo, 10 de agosto de 2008

Abdel

Abdel es un buen tipo. Abdel es mi compañero de piso y nos llevamos bastante bien para el mes y poco que llevamos viviendo juntos. Él es de Túnez y me cuenta muchas cosas de su país. La verdad es que adora su país y su religión. Y como buen musulmán no come carne de cerdo y se esfuerza por respetar las normas del Corán.

Antes de venir a Alemania estuvo viviendo en Francia. Él habla francés como todos los de Túnez. Según me dice, su idioma, del que también está orgulloso, es una mezcla entre árabe y francés. Pero bueno, entre nosotros nos entendemos bien en alemán.

El está estudiando para ser ingeniero y a la vez trabaja, porque no quiere que su padre le tenga que enviar demasiado dinero de su país, ya que allí todo es más barato y la gente gana menos.

De él me gusta la ilusión que tiene por seguir adelante. Muchas veces está cansado de trabajar y harto de estudiar, pero desea por encima de todo acabar los estudios para poder ganar un sueldo digno y encontrar una mujer para formar una familia. Lo mismo que me comentaba mi amigo Tomás hace no mucho: "A partir de los 25 años los hombres son ya hombres y las mujeres mujeres, y ya no buscan a una persona simplemente para divertirse y estar con ella sino con la idea de formar una familia. Y estudiarán en profundidad a la pareja para tener muy claro que es la persona adecuada antes de seguir adelante". Lo único es que Abdel ha llegado a esta conclusión antes de los 25. Además, dice que las mujeres que merecen la pena no buscan hombre con dinero sino hombres con estudios. Así que él se ve dentro de unos años de vuelta en Túnez con una buena mujer, una casa y unos hijos de los que dice que serán musulmanes como él.

Hay otra cosa que me llama la atención de él. Es su humildad y sus ganas de hacer las cosas bien. No sé si porque no ha tenido la oportunidad o porque su familia no le ha enseñado, no ha aprendido a hacer las cosas de la casa de forma adecuada. Por ejemplo, me lo encontré un día cocinando con un cuchillo en mi sartén nueva... jo, que la acababa de comprar... y me la dejó llena de rayajos. Primero me dijo que me compraba una, pero le dije que no y le expliqué que usara siempre la cuchara de madera, así que ahora lo hace bien. Del mismo modo, la semana pasada estuvimos limpiando la casa a fondo y él esperaba a que le dijera qué tenía que hacer y cómo. Hoy he hecho yo todo porque él tiene un examen la semana que viene y estaba en la biblioteca. Pues cuando ha llegado he notado que se sentía culpable de no haber ayudado. Yo le he dicho que no me importa haberlo hecho yo todo, que mejor que limpie él la próxima semana cuando haya hecho ya el examen. Yo creo que es posible que la gente no le haya tratado muy bien hasta el momento y el ver que confían en él le da la vida.

1 comentario:

Pilar dijo...

Me ha gustado mucho tu historia. Creo que hoy en día nos falta tolerancia a todos, independientemente de nuestra cultura, raza o religión.

Abdel, por lo que cuentas, es un claro ejemplo que nos demuestra que por muy distintos que seamos, todos podemos hacer un mundo un poquito mejor.

Gracias por la historia