Aquí cuando tienes que ir a algún sitio es fácil: miras en Internet la dirección y la ruta que tienes que seguir, coges el coche y vas. Pero claro, esto tan sencillo tiene ciertas implicaciones que me gustaría comentar.
En Estados Unidos las ciudades (salvo unas pocas excepciones) son grandes extensiones de terreno con casitas bajas, de no más de dos o tres alturas. Así, la poca densidad de población permite aparcar el coche prácticamente donde quieras, algo impensable en Madrid. Sin embargo, a diferencia de Madrid, donde siempre utilizas algún sitio conocido como referencia, como puede ser: está al lado de Sol; o bajando por la Castellana la siguiente a Alcalá; o bien cerca de la casa de Virginia (bueno, esta última nunca se da), aquí te tienes que bajar el mapa de Internet, porque no hay forma humana de poder memorizar la ruta. La verdad es que no sé cómo podría vivir esta gente antes de la aparición de Google Maps.
Además, aquí está muy extendido lo del "double check", que no es un cupón de 2x1, sino simplemente significa volver a comprobar las cosas por segunda vez. Y es que, si no, puede pasar como nos pasó a Aaron y a mí el día que fuimos a unos salones recreativos. El caso es que imprimió el plano de Internet, como es costumbre, y nos fuimos para allá. Seguimos las indicaciones y todo muy bien hasta que de repente nos encontramos con una señal de calle cortada por obras. Claro, estas cosas no las prevee Google Maps, y apartir de ese momento tu suerte depende de la resolución con la que hayas impreso el plano. En nuestro caso, la calle cortada pillaba casi al final del dibujo, así que para asegurar nos dimos la vuelta de nuevo y entramos por otro sitio.
Pero fue cuando llegamos al supuesto destino es cuando se puso de manifiesto el factor del "double check": Aaron había puesto una dirección incorrecta en el buscador. Así que llamó a su madre para que nos ayudara haciendo lo propio: entrar en Internet y ver el mapa de la ruta. "... yes mum, I should have double checked...". Y con las indicaciones de la madre llegamos al lugar, ¡¡pero más de hora y media después!! Vamos, aproximadamente cuando quería estar de vuelta en casa. Por lo menos nos lo pasamos bien aquel día. ¡Y ganamos una Hacky Sack Ball!
Y esto es lo menos malo que te puede pasar, ya que los problemas de verdad empiezan cuando te das cuenta de que no tienes coche y tienes que enlazar varios autobuses. Porque aquí el transporte público es malo (en el sentido de que la frecuencia de autobuses es baja) y caro: un billete sencillo cuesta $1.5 ($2 en hora punta), y el abono mensual es $76. Por el contrario, existe un servicio de autobuses especial de la Universidad de Minnesota que une los campus de St. Paul y Minneapolis y que es gratuito.
Por otra parte, hace un par de años construyeron el metro ligero, que los fines de semana pasa cada 10 minutos. Sólo hay una línea que conecta Downtown con el sur de Minneapolis, pero la verdad es que le ha dado mucha vida a la ciudad. No imagino la de autobuses que tendrían que coger antes para ir, por ejemplo, desde el centro al aeropuerto.
Otra cosa que me ha llamado la atención es que en Madrid si ves que se va el autobús, puedes correr un poco y ponerle carita de bueno al conductor para que te abra la puerta (bueno, si eres una tía no hace falta tanto esfuerzo), aunque hay algunos con cierta mala leche que no abren (bueno, no sé si esto es cierto para el caso de las chicas). Vamos, que el caso es que aquí todos son así, entiendo que por costumbre y no por maldad, pero de todas formas resulta chocante. Y no sólo chocante sino que es una gracia perder el autobús, ya que probablemente tendrás que esperar como media hora hasta que llegue el siguiente.
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2 comentarios:
Es en esos casos cuando se echa de menos el GPS de Antonio Luna!!! :D
Hola Mario!
Que bueno saber de ti de nuevo, aunque estés en USA :) Y Rober está en Japón!!! tiene q ser una expericia increible para los dos... A ver si nos podemos ver por diciembre! De momento os mando un saludo desde Kinshasa... Un abrazo!
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